lunes, 30 de noviembre de 2015

MAROSA DI GIORGIO

Árbol de magnolias

Árbol de magnolias,
te conocí el día primero de mi infancia,
a lo lejos te confundes con la abuela, de cerca, eres el aparador
de donde ella sacaba el almíbar y las tazas.
De ti bajaron los ladrones;
Melchor, Gaspar y Baltasar;
de ti bajaban los pastores y los gatos;
los pastores, enamorados como gatos,
los gatos, serios como hombres, con sus bigotes y sus ojos de enamorados
Esclava negra sosteniendo criaturitas, inmóviles, nacaradas.
Virgen María de velo negro,
de velo blanco, allá en el patio.
Eres la abuela, eres mamá, eres Marosa, todo eres, con tu
eterna
juventud, tu vejez eterna,
niña de Comunión, niña de novia,
niña de muerte.
De ti sacaban las estrellas como tazas,
las tazas como estrellas.
Estuvo oculto en tus ramos el Libro del Destino.
Te has quedado lejos, te has ido lejos.
Pero, voy retrocediendo hacia ti,
voy avanzando hacia ti.
Te veré en el cielo.
No puede ser la eternidad sin ti.

De "Los papeles salvajes" 1991


ROGELIO GUEDEA

debajo de su altura una gaviota

no sabiendo,
y dado que vuelve con su ortiga arrodillada
en un ojo,
que allá,
tras esto o aquello (oficinas, candelabros,
british english),
lejano pero aquí naciente,
el mar:
y no sabiendo -ni mucho menos,
ahora que escucha
recostado en un hombro:
La traviata,
el son cubano,
su bolero inminente,
que todo va en su tránsito de ser
y recomienza,
pero siempre mismo,
el mar:

todo y mientras tanto,
dado que pájaro o espuma,
dado que cae de cielo en cielo,
de país en país,
convertido, a veces,
en silencio de la piedra,
(y ya es bastante),
o mujer: y suficiente,
el mar:
oído en estas horas sin ventana,
cierto como el pie bajo su escombro.



FERNANDO PESSOA

El guardador de rebaños
 
Desde la ventana más alta de mi casa,
con un pañuelo blanco digo adiós
a mis versos, que viajan hacia la humanidad.
Y no estoy alegre ni triste.
Ése es el destino de los versos.

Los escribí y debo enseñárselos a todos
porque no puedo hacer lo contrario,
como la flor no puede esconder el color,
ni el río ocultar que corre,
ni el árbol ocultar que da frutos.

He aquí que ya van lejos, como si fuesen en la diligencia,
y yo siento pena sin querer,
igual que un dolor en el cuerpo.

¿Quién sabe quién los leerá?
¿Quién sabe a qué manos irán?

Flor, me cogió el destino para los ojos.
Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.
Río, el destino de mi agua era no quedarse en mí.
Me resigno y me siento casi alegre,
casi tan alegre como quien se cansa de estar triste.

¡Idos, idos de mí!
Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.
Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la 
que fue suya.

Paso y me quedo, como el Universo.

(*) Del heterónimo Alberto Caeiro


miércoles, 25 de noviembre de 2015

RAFA CORRECHER

Maltratada

El nombre de tu sexo en las paredes
decide nuevos mapas y arboledas
pero también conoce
ladrillos que se agrietan en los ojos;

hay sangre todavía
debajo de una lágrima,

espacios desplazándose
que acotan un camino de regreso.

Desnuda,
sentada en los peldaños de tu origen,
eres la tierra que renace
dorada por el sol como una espiga.




lunes, 16 de noviembre de 2015

RAYMOND CARVER

DOMINGO POR LA NOCHE

Utiliza las cosas que te rodean.
Esta ligera lluvia
Tras las ventana, por ejemplo.
Este cigarrillo entre los dedos,
Estos pies en el sofá.
El débil sonido del rock and roll,
El ferrari rojo en el interior de la cabeza.
La mujer que anda a trompicones
Borracha por la cocina...
Coge todo eso,
Utilízalo.




Fotografía de Noell S. Osvald

BLANCA VARELA

Es fría la luz de la memoria
lo apenas entrevisto brilla
con insistencia
gira buscando el casco de botella
o el charco de lluvia

tras cualquier puerta que se abre
está la luna
tan grande y plana
tan fuera de lugar
como si de un cuadro se tratara
óleo sobre papel
endurecido por el tiempo

así cayeron en la mente
formas y colores
casualidades
azar que anuda sombras
vuelcos en la negra marmita
donde a borbotones
se cuecen gozo y espanto

crece el yeso de un cielo
mil veces lastimado
mil veces blanqueado
se borra el mundo y se vuelve
a escribir
hasta el último aliento

sólo esto
eternidad aparente
mísera astilla de luz en
la entraña
del animal
que apenas estuvo




domingo, 15 de noviembre de 2015

LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD

Los fanáticos tienen sus sueños, y con ellos intentan tejer un paraíso para una secta. 
Todos aquellos que no pertenecen a secta alguna, escogerían vivir, no en un paraíso, sino sobre la tierra, juntos.


lunes, 9 de noviembre de 2015

AMOS OZ

Es duro

Abre los ojos con las primeras luces. Las cadenas montañosas
parecen una mujer robusta y tranquila
durmiendo de lado después de una noche de amor.
Una suave brisa, satisfecha de sí misma,
mueve la tela de su tienda.
La hincha, la agita, como un vientre cálido. Sube y baja.

Con la punta de la lengua toca ahora
el hueco de la palma de su mano izquierda,
el punto más interno de la palma. Le da la sensación
de estar tocando un pezón suave, duro.



De "El mismo mar" pag. 25
Ediciones Siruela 1999
Traducción de Raquel García Lozano


domingo, 8 de noviembre de 2015

ESDRAS PARRA

Si el viento sopla más fuerte dentro de mi cabeza
 
Si el viento sopla más fuerte dentro de mi cabeza
si mi canto emana del torrente de las piedras
si los puños me atan las manos
y ya no puedo reconocer el fuego que cae del cielo
si alimento mi espinazo con carbones
y lo empujo en una sola dirección
si dejo que mis pies pisoteen su sombra
y el polvo llore a lágrima viva
ay si el silencio calla y la noche abre
una herida oscura en mi costado

dedos os he visto soñar.


sábado, 7 de noviembre de 2015

JOSEPH BRODSKY

Odiseo se dirige a Telémaco

Ahora que sé tanto de mi vida,
de las ciudades, de las prisiones y de las habitaciones
donde perdía la razón, sin volverme loco.
acerca de los mares en los que
me ahogaba y sobre aquellos
a quienes al final no retuve entre mis brazos,…
Ahora hubieses podido decir, suspirando:
“La suerte fue generosa con él”
y los sentados junto a la mesa
asentirían en silencio.

Cómo saberlo, es posible que tengas razón,
haz de agregar a mis otras virtudes: la presbicia.

Entonces, hace tantos años cuando jugábamos
en la acera cerca de la sala de cine
¿quién hubiera podido imaginar la distancia
que habría de abrirse,
más insalvable que la que queda
entre la cara o el sello de la moneda?

Nadie. El trivial gesto de despedida
con las manos, al final de la calle
se convirtió en primer signo de la ausencia:
por estas tierras forasteras el aire
recuerda con mucha frecuencia a una hoja de papel.
Y la lluvia arroja una sombra sobre las huellas.

Quién sabe, es posible que ahora
cuando escribo estas líneas, sentado
en una pequeña ciudad de ladrillos
en el centro de Norteamérica, tú camines
a lo largo de un edificio color mostaza
entre cuyas húmedas paredes
se consume una generación más
apretujándose en la mancha frambuesa,
gris y parda de un hemisferio clandestino.

En resumen: no pasó lo peor.
Lo peor sucede solamente
en las novelas y a los que son mejores que nosotros,
tanto, que los pierdes en el momento de verlos
y los ecos de sus tragedias
se confunden con el canto del huso.
Como el sonido de un aeroplano distante
con el zumbido de una abeja atrapada entre los pétalos.

Y no habremos de vernos, porque
físicamente hemos cambiado tanto.
De habernos encontrado, no seríamos nosotros,
sino aquello que hicieron con nuestra carne
los años que sólo tuvieron compasión de nuestros huesos,
y el perro no reconocería al recién llegado
ni por el olor ni por la cicatriz.

¿Dices que ha sido generosa la vida? Ah… sí,
las olas del mar son generosas con los troncos.
Pues bien, quien no se lamenta por la suerte
no es digno de ella. Pero si el tiempo
reconoce al final sus trabajos
en la nebulosidad de los recuerdos,
entonces, pienso que tu rostro
puede adornar perfectamente
un monumento de bronce, o en el fondo del bolsillo
servir de relieve para una moneda sin gastar.



miércoles, 4 de noviembre de 2015

PIER PAOLO PASOLINI

Balada del suicidio

¡Piedad, piedad! 
Vosotros me queréis 
muerta y enterrada: 
sin voz, 
sin gestos, 
sin rostro, 
sin vida... 
que no regrese 
decís vosotros – nunca más 
la locura que ella fue, 
aquí ¡entre nosotros! 
¡Piedad, piedad! 
Gente feliz 
vosotros me esperáis: 
ahorcada, 
ahogada, 
incendiada, 
destrozada... 
¿Qué hace ahí 
decís vosotros – si da 
sólo rabia, y lo sabe, 
aquí entre nosotros? 

¡Piedad, piedad! 
Gente de bien, 
vosotros me teméis: 
en mi amor, 
en mi vicio, 
en mi ardor, 
en mi odio... 
¿Por qué vive 
-decís vosotros – aquí abajo 
pecadora y tabú, 
aquí entre nosotros? 

¡Piedad piedad! 
Gente normal, 
me condenáis: 
a temblar, 
a odiar, 
a ocultarme, 
a desaparecer... 
El que es diferente 
decís vosotros – no puede 
quedarse ni un poco 
¡aquí entre nosotros! 

¡Piedad, piedad! 
Gente en el poder, 
vosotros me amenazáis: 
con la detención, 
con la celda, 
con la picota, 
con la hoguera... 
La pasión 
- decís vosotros- no da 
más que molestias y ansiedad 
¡aquí entre nosotros! 

¡Piedad, piedad! 
Parecía eterno 
mi destino: 
de hablar, 
de cantar, 
de gozar, 
de pecar... 
Pero sí, pero ¡sí! 
Para mi se acabó, 
quedáos tranquilos... 
Entro en la sombra, 
os dejo el mundo...