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Mostrando entradas de septiembre, 2015

OLGA OROZCO

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Cuando alguien se nos muere

Poema a Eduardo Bosco

Fue necesario el grave, solitario lamento del viento entre los árboles,
para que tú supieras más que nadie ese desesperado resonar,
ese rumor sombrío con que pueden decirse las palabras
cuando de nada vale su fugaz melodía,
cuando en la soledad -la única apariencia verdadera -,
contemplamos, callando, los seres y los tiempos que fueron en nosotros
irrevocables muertes cuyos nombres no sabremos jamás.

Fue necesario el ocio de aquellas largas noches
que minuciosamente ordenaste en recuerdos, memorioso,
para que tú pasaras sosteniendo la sombra con tu sombra,
apenas presentida por los días,
con tu misma pausada palidez demorándose aún después de haberte ido,
porque era tu adiós la despedida última,
la última señal que acercaba los sueños desde el incontenible amanecer.

Fue necesario el lento trabajo de los años,
su rápido fulgor, su mustio decaer entre pesados muros
que sólo levantaron respuestas de ceniza a tu llamado
para que tú miraras largamente tus des…

FADWA TUQAN

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Sólo quiero estar en su seno Sólo quiero morir en mi tierra, que me entierren en ella, fundirme y desvanecerme en su fertilidad para resucitar siendo hierba en mi tierra, resucitar siendo flor que deshoje un niño crecido en mi país. Sólo quiero estar en el seno de mi patria siendo tierra hierba o flor. Traducción: María Luisa Prieto

JOSE ALBI

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Definitiva soledad

¿Oyes el mar?
Eternamente estaremos escuchándolo.
Lo llevaremos dentro como la sangre, como la paz
como te llevo a ti misma.
Todo, todo irá acabando: la tristeza, la vida,
la soledad tan grande en que me has dejado.
Sólo el mar, amor mío, el mar sigue existiendo.
Me asomo: lo contemplo desde esta tarde lenta,
desde esta fría y herrumbrosa baranda
adonde no te asomas.

Amor, no estás conmigo. ¿Ves el silencio en torno?
Baja como las olas,
me roza como el río de tu piel,
se aleja para siempre.
Tú, mar, eterno mar de mi sueño,
sueño ya tú, lejana, irremediable.

El viento te acaricia. Yo soy el viento.
Pero estoy solo.
Y tú, tú estás lejana.
Sólo el mar te recuerda, te vive, te arrebata.
Siento tus labios, que es sentirte entera;
siento tu carne, calladamente mía.
Mis manos en el aire te dan vida,
y la playa, ya inútil sin tu huella,
deshabitada y torpe se aleja como el día.
Sólo la tarde existe;
existe y va muriendo. Unos dedos de espuma
me agitan los cabellos;
unas hojas doradas por el sol van cay…

RECITAL POÉTICO, CHARLA Y DEBATE EN LIBRERÍA PRIMADO

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Con el convencimiento de que la indiferencia es cómplice de la injusticia y de las desigualdades sociales, queremos dar paso a la palabra y convocarnos a este recital poético, charla y debate sobre los refugiados, los extranjeros....los extraños:
Día 24, jueves  20 horas LIBRERÍA PRIMADO
Artes poéticas frente a los conflictos de las migraciones actuales" a cargo de Eddie J. Bermúdez, Rafael Correcher, Beatriz Borgia, Lola Andrés, y Arturo Borra  coordina Viktor Gómez. 
Estás invitado/a.
Los lugares no nos pertenecen, tampoco nosotros pertenecemos a ellos. Es difícil reconocerlo pero, una vez sabido, la nostalgia no se muestra menos dañina.
Gontzal Díez (Zaguán del cielo)
De acuerdo con la ética capitalista, la pobreza es un estado del que el individuo o la sociedad pueden liberarse siempre que posean un espíritu suficientemente emprendedor. Ese espíritu emprendedor se determina mediante el criterio de la productividad y se considera un valor en sí mismo. Por consiguiente, para el capitalis…

TRINIDAD GAN

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INVENTARIO DE AVES

Acaba el día.
Un hombre en la trastienda del negocio
hace inventario de aves.
Calcula el gasto en jaulas y alimento.
En columnas registra alas rotas
y cuerpos de los pájaros
que, cruzando el océano, vinieron
a morir en la arena de sus puertas.
Cerrada las estadística,
anota finalmente su margen de ganancia
y, tras el parapeto del cristal,
contempla ensimismado el cielo,
las bandadas ruidosas que lo cruzan.

Dulcemente atardecen las calles europeas.
Pero, ¿y si enmudecieran los pájaros del golpe,
si caen al asfalto ya cansados
de sus audaces fintas en el aire,
hartos de poner gritos al ocaso extranjero,
de rastrillar las nubes en busca de esperanza?

Una sombra oscurece la ventana.
Se ha levantado un viento de tormenta.
Brillan sobra la acera pájaros fulminados
por la última luz del paraíso,
ahogados con la cuerda de campanas
que mentían la costa entre la niebla,
mordidos por las fauces que anticipan
la noche y su silencio.

Tras apagar las luces de la tienda
y arrojar -humo negro- los despojos
al v…

CARLOS SAHAGÚN

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Cuerpo desnudo

  "...muchas veces me pregunto
             qué hacíamos tú y yo antes de querernos..."



Y vienes y te quedas
blanca, casi de mármol,
como un escalón puro para subir a Dios.
No sé qué hacer, dónde buscar
mis palabras más verdaderas, cómo decirte
que llevo en la mirada reflejado tu pecho,
y los brazos me caen, como en derribo,
al verte aquí, a mi lado, morena, lejos siempre.
Voy hacia ti como hacia el mar, despliego
las velas, ay, las alas de mi infancia,
veloz mi corazón cruza la arena,
se me dobla el dolor, te miro
toda de agua navegable, toda
pequeña,
como una estrella húmeda y parada.
Rodeado de naranjos, asombrándome
de ver los pájaros de oro,
era yo niño, comí
pan duro entre las manos vivas de mi madre,
y los zapatos rotos me hacían sentir la tierra,
mientras la tierra iba levantándome a hombre sin
                                                               remedio.
Quisiera haberte visto entonces, cuando
las calles bombardeadas. Ven,
dame la mano, sube
conmigo al monte negro de l…

OSCAR WILDE

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El hombre que contaba historias. Había una vez un hombre muy querido de su pueblo porque contaba historias. Todas las mañanas salía del pueblo y, cuando volvía por las noches, todos los trabajadores del pueblo, tras haber bregado todo el día, se reunían a su alrededor y le decían: -Vamos, cuenta, ¿qué has visto hoy? Él explicaba: -He visto en el bosque a un fauno que tenía una flauta y que obligaba a danzar a un corro de silvanos. -Sigue contando, ¿qué más has visto? -decían los hombres. -Al llegar a la orilla del mar he visto, al filo de las olas, a tres sirenas que peinaban sus verdes cabellos con un peine de oro. Y los hombres lo apreciaban porque les contaba historias. Una mañana dejó su pueblo, como todas las mañanas… Mas al llegar a la orilla del mar, he aquí que vio a tres sirenas, tres sirenas que, al filo de las olas, peinaban sus cabellos verdes con un peine de oro. Y, como continuara su paseo, en llegando cerca del bosque, vio a un fauno que tañía su flauta y a un corro de …

OLGA OROZCO

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Aquí están tus recuerdos

Aquí están tus recuerdos:
este leve polvillo de violetas
cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas;
tu nombre,
el persistente nombre que abandonó tu mano entre las piedras;
el árbol familiar, su rumor siempre verde contra el vidrio;
mi infancia, tan cercana,
en el mismo jardín donde la hierba canta todavía
y donde tantas veces tu cabeza reposaba de pronto junto a mí,
entre los matorrales de la sombra.

Todo siempre es igual.
Cuando otra vez llamamos como ahora en el lejano muro:
todo siempre es igual.
Aquí están tus dominios, pálido adolescente:
la húmeda llanura para tus pies furtivos,
la aspereza del cardo, la recordada escarcha del amanecer,
las antiguas leyendas,
la tierra en que nacimos con idéntica niebla sobre el llanto.

-¿Recuerdas la nevada? ¡Hace ya tanto tiempo!
¡Cómo han crecido desde entonces tus cabellos!
Sin embargo, llevas aún sus efímeras flores sobre el pecho
y tu frente se inclina bajo ese mismo cielo
tan deslumbrante y claro.

¿Por qué habrás de volver acompaña…

LECTURA DE POEMAS DE JOSÉ ÁNGEL GARCÍA CABALLERO Y RAFA CORRECHER

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AMBROSE BIERCE

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El incidente del Puente del Búho

I Desde un puente ferroviario, al norte de Alabama, un hombre contemplaba el rápido discurrir del agua seis metros más abajo. Tenía las manos detrás de la espalda, las muñecas sujetas con una soga; otra soga, colgada al cuello y atada a un grueso tirante por encima de su cabeza, pendía hasta la altura de sus rodillas. Algunas tablas flojas colocadas sobre los durmientes de los rieles le prestaban un punto de apoyo a él y a sus verdugos, dos soldados rasos del ejército federal bajo las órdenes de un sargento que, en la vida civil, debió de haber sido agente de la ley. No lejos de ellos, en el mismo entarimado improvisado, estaba un oficial del ejército con las divisas de su graduación; era un capitán. En cada lado un vigía presentaba armas, con el cañón del fusil por delante del hombro izquierdo y la culata apoyada en el antebrazo cruzado transversalmente sobre el pecho, postura forzada que obliga al cuerpo a permanecer erguido. A estos dos hombres no le…

OCTAVIO PAZ

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Olvido

Cierra los ojos y a oscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
Húndete en esas espirales
del sonido que zumba y cae
y suena allí, remoto,
hacia el sitio del tímpano,
como una catarata ensordecida.
Hunde tu ser a oscuras,
anégate la piel,
y más, en tus entrañas;
que te deslumbre y ciegue
el hueso, lívida centella,
y entre simas y golfos de tiniebla
abra su azul penacho al fuego fatuo.
En esa sombra líquida del sueño
moja tu desnudez;
abandona tu forma, espuma
que no sabe quien dejó en la orilla;
piérdete en ti, infinita,
en tu infinito ser,
ser que se pierde en otro mar:
olvídate y olvídame.
En ese olvido sin edad ni fondo,
labios, besos, amor, todo renace:
las estrellas son hijas de la noche.