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Mostrando entradas de agosto, 2015

RAFA CORRECHER

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Fado
Sete pedaços de vento Cristina Branco Sólo siete pedazos de viento,
las nubes enlazadas a tus labios en esta melodía que es memoria;
su vida triste en los oídos te dice que hay ramas que se rompen por sus pétalos,
estrellas que germinan en sus muros,
comparte el pan de los milagros con los peces, se mueren las palomas en sus filos.

BLAS MUÑOZ PIZARRO

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XIX
En un acto sencillo de soledad sin daño hundes la uña en la corteza      de la vida,
y aspiras el perfume que asciende de la carne desnuda.
Qué dulzura solar para tu boca:
     la del niño de entonces, ladronzuelo menudo en las mañanas de huerto y mandarinas,
     y la del hombre que aún tiene, entre sueños y olvidos, este recuerdo agridulce en la mano y el aroma sutil                             de la esperanza.




de "En la desposesión" Premio "Flor de Jara"de Poesía 2012

JOHN CHEEVER

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El ladrón de Shady Hill

Me llamo Johnny Hake. Tengo treinta y seis años. Mido 1,78 en calcetines, peso 64 kilos desvestido, y estoy, por así decirlo, desnudo en este momento y hablando en la oscuridad. Fui concebido en el hotel St. Regis, nací en el hospital presbiteriano, me educaron en Sutton Place, fui bautizado y confirmado en la iglesia de San Bartolomé, y me entrené con los Knickerbocker Greys, jugué al rugby y al béisbol en Central Park, hacía gimnasia en el armazón de los toldos de los bloques de apartamentos del East Side, y conocí a mi mujer (Christina Lewis) en una de esas grandes fiestas en el Waldorf. Serví cuatro años en la marina, ahora tengo cuatro hijos y vivo en un suburbio llamado Shady Hill. Tenemos una hermosa casa con jardín y barbacoa al aire libre, y las noches de verano, sentado allí con los niños y mirando lo que el escote de Christina deja ver cuando se inclina para dar la vuelta a los filetes y echarles sal, o simplemente contemplando las luces del cielo, m…

ANTONIO CARVAJAL

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Palabras en la piedra

Sunt lacrimae rerum

La morbidez de un seno
adelantado hacia la mano, toca
esta cueva de mosto, este veneno
placentero y feroz, une tu boca
a su agresiva punta, sorbe, acaba,
nos pide. Así la piedra
busca un calor de labios o de lava
y, para completar nuestro delirio,
o nos enlaza en víboras de hiedra
u obscena eleva entre su puño un lirio.

La proa sepulcral
desarrolla un cartel: Son de las cosas
lágrimas. Tú, venera
estos restos que fueron manantial
de hazaña tanta. Si al tocar, piadosas,
tus manos estas losas, no sintiera
tu corazón pavor, que tu mirada
nunca vea la luz. Fui desdichado
porque nací. Feliz, pues he vivido.

Bellos, más sin sonido,
proclaman los clarines la esperada
resurrección del cuerpo. Ha reclamado
en piedra la palabra luz futura.
Procaz el muslo cuando quieto extiende
su frígida cascada;
sátiro, no de un bosque, ya no apura
vino marmóreo insípido; no enciende
ni la horrible amenaza
compasión. Sólo vibra la coraza
de un tal cadáver que fue hombre y quiere
andar entre los homb…