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Mostrando entradas de junio, 2015

ELENA ESCRIBANO ALEMÁN

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LA PLANTA JOVEN DE EL CORTE INGLÉS Cuando amas se caen una a una todas las paredes de tu casa. Durante años has levantado tus defensas, confías en que sabes dónde estás,  quién eres, cuál es tu papel  en el confuso juego de la vida. Y aparece el amor con sus banderas y se desmoronan los muros en que te sustentabas. No te das cuenta,  y mientras navegas entre la dicha y la locura el amor desbarata tus cimientos. Así descubres un buen día -es un ejemplo-. que no tienes nada en el armario que ponerte para salir con él,  todo te parece anticuado y desde luego es ropa que te hace demasiado mayor. Y al momento ya estás mirando escaparates y no ves nada que te guste Insistes, algo habrá que asegure que al verte él sentirá el deslumbramiento que te conmueve cuando se te aproxima por la calle. Entonces te das cuenta horrorizada. que -a tus años- estás buscando  algo bonito que ponerte en la planta joven de El Corte Inglés. No es posible. Sonríes y te marchas. Y regresas a casa, abres otra vez el armario  y compruebas que allí es…

ANNA AJMÁTOVA

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EPÍLOGO
I

He aprendido cómo se hunde los rostros, cómo bajo los párpados late el miedo cómo surca el sufrimiento las mejillas con trazo rígido de signos cuneiformes; cómo los negros rizos y los rizos de oro de repente se vuelven pálida plata, cómo huye del labio dulce la sonrisa y en la risita seca halla eco de terror. Si ruego, no sólo es por mí: ruego por todas nosotras, hermanas -en la desdicha- mías, en el frío feroz y en el ardor de julio, al pie de los muros rojos que permanecieron sordos.






JOSE ANTONIO MATEO ALBELDO

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IV

el amor era la curva de los sueños
MAR BUSQUETS MATAIX



Desnúdate.
Muéstrame tu cuerpo de lluvia, la espuma desolada de tu mar.
Escucha el llanto celoso del viento.
Tengo manos de sal para tu alma.




LUIS TAMARIT

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[550]

I.   La música discurre por mi cuerpo como el agua impetuosa por el país de la lluvia
II.  Como el tacto del ciego por las quemaduras del tiempo

III. Como el hambre del yeso por la humedad sin medida

[551]

IV. Volvieron embriagadas luciérnagas enmarañados anhelos subterráneas linternas
V. Vinieron látigos desvelados vinieron para irse de nuevo
VI. Manantial tras manantial promesa a promesa


RAFA CORRECHER

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Ella
“cuando ella entró de improviso”
Robert Graves

Amanece y un relámpago mudo divide tu percepción en dos umbrales
uno que nace desde la playa hasta tus ojos y otro que llega como un simple reflejo de las olas,
y de su punto más profundo, una zona de sombra: la frágil empatía -sin apenas mover los labios, en la contemplación de este paisaje que no concuerda con los relieves conocidos,
pequeñas perlas -que no te atreves a tocar con los dedos, en el aire alto de las dunas:
cuando ella entró de improviso.





MAHMUD DARWIX

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SOBRE ESTA TIERRA

Sobre esta tierra hay por qué vivir: los titubeos de abril,
el olor del pan al amanecer, el amuleto que una mujer le da
a un hombre, las obras de Esquilo, los comienzos del amor,
la hierba sobre una piedra, madres en vilo por el hilo de una
flauta, y el miedo de los invasores a los recuerdos.

Sobre está tierra hay por qué vivir: los últimos días de
septiembre, una mujer que sale de los cuarenta como
melocotón maduro, la hora del sol en la cárcel, nubes que
semejan un tropel de criaturas, los vítores de un pueblo a
quienes encaran risueños la muerte, y el miedo de los tiranos
a las canciones.

Sobre esta tierra hay por qué vivir: sobre esta tierra señora 
de la tierra, madre de los inicios y madre de los finales. Se
llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina. Mi señora:
yo tengo, porque tú eres mi señora, tengo por qué vivir.



GUILLERMO CARNERO

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LECCIÓN DE MÚSICA

Anónimo, taller de Boucher
No presiones la base de la flauta: sólo con la caricia de los dedos llévala con dulzura hasta la boca. Humedece los labios porque brille la tersa plata inerme en cerco rojo. Finge no recordar la melodía: piérdela, duda, persíguela jugando a la gallina ciega entre las rosas. Mira cómo se ciñe la guirnalda a las cuatro columnas del dosel; las retuerce rozándolas, las hinche el filo y la blandura de sus pétalos: bordea en espiral octava y tono, la indecisión del tempo imprevisible, sincopado, lentísimo, inminente, crátera hendida sobre columna, anegada en la lluvia y el miedo de ceder y volcarse.                                     Vuélcala en las notas vibrantes como dardos. La mano izquierda no te quede ociosa: tienes en el atril unas granadas henchidas, reventando en acre y rojo; apriétalas tres veces, luego dime a qué te sabe el zumo de la música.
La beatitud del día se define en excesos de luz, de Sol. de verde. En el jardín sonríen los atlantes al sostener la cúpula …

MAR BUSQUETS MATAIX

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Están tristes porque saben demasiado
Están tristes por eso, porque saben demasiado Henrik Norbrandt
Están tristes porque saben demasiado, aunque no todo;
es una manera de tristeza racional, digamos que afectada, en la que cada quien se lamenta con un lenguaje heredado de lo difícil que es vivir pegados a la desesperanza de esa idea  artificiosa que nos mantiene cautivos, pero no cautivados.
Por eso, porque saben demasiado, ahora creen vivir la vida con mayor plenitud; no es porque sepan que se van a morir, no es porque sepan que un solo Dios les esperará al otro lado del río, sino porque a pesar del esfuerzo

RAFA CORRECHER

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A la deriva
En la pantalla gris de un mar de fondo hay un temblor que evito:
Abdul, Hamid, Zubaida; mientras cuento los versos del poema sois cada vez más frágiles:
pocas coordenadas, los ejes cartesianos,
mapa de vergüenza donde el hombre es la mancha de aceite más ignota -hasta soñé que de ella aparecía un hermoso par de alas, para sobrevolar el Índico o Lampedusa.
El Primer Mundo prende aceite amargo bajo sus catedrales, la impotencia y la sal se os comen las encías.
No hay nada más ahora salvo el zumbido sordo que me borra las manos  con todos vuestros nombres.