sábado, 28 de marzo de 2015

MIGUEL HERNÁNDEZ

Canción última

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.


De "El hombre acecha" 1938 1939



martes, 24 de marzo de 2015

RAFA CORRECHER

Tachadura


Él conoce el deseo que ocultan las palabras…
Ángel Campos Pámpano


Una bombilla cárdena
el aire amargo;

es eslabón desnudo
-cuerpo cortante,
defiende todavía
esa hora extensa que odian tanto
los halcones;

¿Tiembla entonces
-húmedo e impasible,
mi lenguaje?

Extraño oficio de palabras;

es fácil desnudarte
con ellas
cuando abres esta hondura y sus abrazos
son lenguas esponjosas.



(inédito)



sábado, 21 de marzo de 2015

PABLO NERUDA

LA MAMADRE

La mamadre viene por ahí,
con zuecos de madera. Anoche
sopló el viento del polo, se rompieron
los tejados, se cayeron
los muros y los puentes,
aulló la noche entera con sus pumas,
y ahora, en la mañana
de sol helado, llega
mi mamadre, doña
Trinidad Marverde,
dulce como la tímida frescura
del sol en las regiones tempestuosas,
lamparita
menuda y apagándose,
encendiéndose
para que todos vean el camino.

Oh dulce mamadre
—nunca pude
decir madrastra—,
ahora
mi boca tiembla para definirte,
porque apenas
abrí el entendimiento
vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro,
la santidad más útil:
la del agua y la harina,
y eso fuiste: la vida te hizo pan
y allí te consumimos,
invierno largo a invierno desolado
con las goteras dentro
de la casa
y tu humildad ubicua
desgranando
el áspero
cereal de la pobreza
como si hubieras ido
repartiendo
un río de diamantes.

Ay mamá, ¿cómo pude
vivir sin recordarte
cada minuto mío?
No es posible. Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas
dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, planchó, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd
donde por primera vez estuvo ociosa
bajo la dura lluvia de Temuco.






viernes, 20 de marzo de 2015

NIZAR QABBANI

EL AMOR NO SE DETIENE ANTE LA LUZ ROJA
No pienses jamás: la luz está roja,
no hables con nadie: la luz está roja,
no polemices sobre textos jurídicos
ni sobre gramática,
            morfología,
                        poesía
                                    o prosa:
el intelecto es maldito, repugnante, despreciable...
 
No abandones
tu gallinero lacrado: la luz está roja,
no ames a mujer ni a rata:
la luz del amor está roja,
no cohabites con pared, piedra o asiento:
la luz del sexo está roja.
Sigue clandestino,
y no descubras tus decisiones ni a las moscas,
sigue analfabeto,
y no formes parte del adulterio ni de la escritura:
en nuestra época, el adulterio
es menos grave que el delito de la escritura.
 
No pienses en los pájaros del país
ni en los árboles, ríos y noticias del país.
No pienses en los que usurpan el sol del país:
la espada de la opresión te alcanzará de mañana
en los titulares del periódico,
en los pies del poema
y en los posos de tu café.
No duermas en los brazos de tu esposa...
al alba, tus visitantes estarán bajo el sofá.
 
No leas libros de crítica ni de filosofía:
al alba, tus visitantes
estarán infiltrados, como carcoma, en todos los estantes de la biblioteca.
Sigue en tu barril lleno de hormigas, mosquitos y basura,
sigue ahorcado por los pies hasta el día del Juicio,
sigue ahorcado por la voz hasta el día del Juicio,
sigue ahorcado por el intelecto hasta el día del Juicio;
sigue en tu barril para no ver
el rostro de esta nación violada.
 
Si intentas ir a ver al sultán,
a su esposa,
a su suegro
o a su perro, responsable de la seguridad nacional,
que come pescado, manzanas, niños
y también carne humana,
encontrarás la luz roja.
 
Si un día intentas leer
el parte meteorológico, las esquelas de difuntos o la sección de sucesos,
encontrarás la luz roja.
Si intentas preguntar el precio del medicamento contra el asma,
de los zapatos de los niños
o de los tomates,
encontrarás la luz roja.
Si un día intentas leer
la página del zodíaco
para conocer tu suerte antes del petróleo
y después del petróleo,
o para conocer cuál es tu número en los batallones de las bestias,
encontrarás la luz roja.
 
Si intentas
buscar una casa de cartón que te albergue,
una señora -de los restos de la guerra- que quiera consolarte
o unos pechos rotos
y una vieja nevera,
encontrarás la luz roja.
Si intentas
preguntar a tu profesor de clase: ¿por qué
se distraen los árabes de ahora con las noticias de las derrotas?
¿Por qué los árabes de ahora son cristal que se rompe sobre cristal?
Encontrarás la luz roja.
 
No viajes con pasaporte árabe,
no viajes otra vez a Europa:
Europa, como sabes, rebosa de necios.
Rechazado,
sospechoso,
expulsado de todos los mapas,
gallo herido en su orgullo,
muerto sin combate,
degollado sin sangre...
No viajes por tierras de Dios:
a Dios no le agrada encontrarse con cobardes.
 
No viajes con pasaporte árabe,
espera, como una rata en todos los aeropuertos:
la luz está roja.
No digas en árabe clásico:
soy Marwán,
Adnán
o Sahbán
a la vendedora rubia de Harrods:
el nombre no significa nada para ella
y tu historia, señor mío, es una historia falsa.
 
No presumas de tus victorias en el Lido,
Susanne,
Janinne,
Colette
y miles de francesas jamás han leído
la historia de Zayr y Antara.
Amigo:
tu aspecto es cómico en la noche de París.
Vuelve inmediatamente al hotel:
la luz está roja.
 
No viajes
con pasaporte árabe por los barrios árabes:
te matarán por una piastra
y, hambrientos por la noche, te devorarán.
No seas huésped de Hatim Tai  (1)
es un embustero
y un estafador.
No te dejes engañar por miles de esclavas
y cofres de oro.
 
Amigo:
no vayas solo de noche
entre los colmillos de los árabes;
tu estancia se reduce a tu casa,
tu pueblo desconoce tu linaje.
Amigo:
Dios se apiade de los árabes.
     [1]  Personaje célebre del folklore árabe, símbolo de la hospitalidad.
Traducción: María Luisa Prieto


viernes, 13 de marzo de 2015

CZESLAW MILOSZ

RETRATO GRIEGO

Tengo la barba espesa, los párpados tapan
los ojos como quienes conocen el valor
de las cosas visibles. Callo como concierne
a un hombre que sabe que el corazón humano
abarca más que el lenguaje. He abandonado
mi país, mi casa y la administración pública.
Pero no para buscar provecho o aventuras.
No soy extranjero en ningún barco.
Una cara normal, de recaudador de impuestos,
de comerciante, soldado, no me diferencia
entre las multitudes. No rechazo render
el merecido culto a los dioses locales.
Y como lo mismo que otras personas.
Para hablar de uno mismo es suficiente.


Traducción de Xavier Farré



jueves, 12 de marzo de 2015

GIUSEPPE UNGARETTI

Vagabundo

En ninguna
parte
de la tierra
me puedo
arraigar

A cada
nuevo
clima
que encuentro
descubro
desfalleciente
que
una vez
ya le estuve
habituado

Y me separo siempre
extranjero

Naciendo
tornado de épocas demasiado
vividas

Gozar un solo
minuto de vida
inicial

Busco un
país inocente




viernes, 6 de marzo de 2015

RAÚL ZURITA

CIELO ABAJO

Son los últimos minutos del atardecer del lunes 10
de septiembre de 1973 y los desfiles comenzaron
hace menos de una hora. Por un momento las
columnas parecieron detenerse bajo el incendiado
cielo y un instante después, el estallido de las
consignas y cantos inundó las calles. Al frente,
interminable, el pedrerío reseco del Pacífico se
alarga hasta perderse en el horizonte y sé que
alguien que tal vez contuvo mis rasgos, es decir,
que contuvo un insomnio, un determinado
nerviosismo, una manera de hablar, reconoció entre
las trituradas piedras los bordes de un puerto,
Valparaíso, luego el frontis de una universidad (y
pegadas a ella las imágenes rotas de una vida: una
carrera de ingeniería, unos estudiantes haciendo
girar sus linchacos, la enloquecedora blancura de
unas rompientes cubriendo el roquerío) y, de golpe,
el sonido del viento surcando la aridez infinita de la
tierra. ¿Sucedió hace unos segundos? ¿Hace
millones de años? ¿Hace apenas un día? Alzo los
ojos. Inmóvil, el inmenso cielo rojo flota sobre la
multitud que también se ha detenido y mira con
frío, con temor, con sueño, el desahuciado atardecer.


martes, 3 de marzo de 2015

CORAL BRACHO


OIGO TU CUERPO con la avidez abrevada y tranquila

de quien se impregna (de quien emerge,

de quien se extiende saturado, recorrido de esperma) en la humedad

cifrada (suave oráculo espeso; templo)

en los limos, embalses tibios, deltas,

de su origen; bebo

(tus raíces abiertas y penetrables; en tus costas

lascivas -cieno bullente- landas)

los designios musgosos, tus savias densas

(parvas de lianas ebrias) Huelo

en tus bordes profundos, expectantes, las brasas,

en tus selvas untuosas,

las vertientes. Oigo (tu semen táctil) los veneros, las larvas;

(ábside fértil) Toco

en tus ciénagas vivas, en tus lamas: los rastros

en tu fragua envolvente: los indicios

(Abro a tus muslos ungidos, rezumantes; escanciados de luz)

Oigo en tus légamos agrios, a tu orilla: los palpos, los augurios

-siglas inmersas; blastos-. En tus atrios:

las huellas vítreas, las libaciones (glebas fecundas),

los hervideros.