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Mostrando entradas de febrero, 2015

JULIA UCEDA

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La dama extraña

                                          Para Alfonso Jiménez, in memoriam. 

En la ciudad donde la lluvia
es una dama extraña
que viniera de paso y sin propósito,
me dijo, después de larga ausencia: "Yo no entiendo
tus poemas, ahora". El quería
decir. "Se me escapó tu vida
y ya no sé quién eres: sólo a quién me recuerdas."
¿Sabía quién él era, me pregunto yo, ahora, que tampoco
lo conocí aunque nada enmascarar sabía?

La dama extraña había realizado su trabajo
demoledor en los que a ella se acogieron.
Su hermosa luz, su equívoca alegría,
la fresca sombra, el homenaje de los siglos,
que la aturdían como un vino, el orgullo
feroz de ser quien soy recreada en sus blondas,
y la humildad de los fantasmas a quienes ella
arrodillaba, en aquel tiempo.
                          Los que nunca aceptaron,
en aquel tiempo,
la reducción a la ceniza, al lienzo oscuro
en el destello de sus ojos ciegos, no bastaron
para impedir que con su dedo
no borrase todo fulgor; para impedir que no ar…

LUIS CERNUDA

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Dejadme solo

Una verdad es color de ceniza,
Otra verdad es color de planeta;
Mas todas las verdades, desde el suelo hasta el suelo,
No valen la verdad sin color de verdades,
La verdad ignorante de cómo el hombre suele encarnarse en la nieve.

En cuanto a la mentira, basta decirle “quiero”
Para que brote entre las piedras
Su flor, que en vez de hojas luce besos,
Espinas en lugar de espinas.

La verdad, la mentira,
Como labios azules,
Una dice, otra dice;
Pero nunca pronuncian verdades o mentiras su secreto torcido;
Verdades o mentiras
Son pájaros que emigran cuando los ojos mueren.


JUSTO JORGE PADRÓN

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Hoy es tu corazón un tacto inútil

Con la certeza del que nada aguarda
abres sin prisa la cancela antigua
y escuchas los lentísimos
pasos, que no parecen tuyos,
en la escalera gris.
Ninguna voz te ofrece su calor,
andas a oscuras, nada
te lleva a tu rincón, ni tan sólo la música,
ni los viejos poetas, ni las gastadas cartas
de amor son esta noche
para ti compañía.
Pasan por el recuerdo los perdidos
nombres que en otro tiempo
honda fe dieron a tu juventud.
Llega el rumor del viento,
el tedioso vacío de tu vida,
y en él te reconoces,
porque amas al que fuiste
y percibes la ausencia
de tus mejores días.
Hoy es tu corazón un tacto inútil,
lo sabes y no puedes engañarte
y aún dejas que la impávida memoria
se lleve cuanto amaras,
cuanto perdiste en esta tierra estéril:
aquel hondo temor que acaso siempre
tuviste por la vida: tu fracaso.
Pero nada te importa ya, y contemplas
por la ventana el árbol más tenaz,
llenas tu vaso y piensas:
éste es tu patrimonio de hombre solo.


MIGUEL VEYRAT

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A frey Juan todo se le iba en el subir...

A frey Juan todo se le iba en el subir y el bajar:
Como al rabí Akiva que ascendía
en la misma paz con que bajaba, lectores
ambos de Heráclito. Y luego que
Zambrano fuera a decir que la poesía
es siempre retorno y no  una 
ausencia... nos preguntamos ¿Subir para caer
de nuevo sobre la pérdida
de un espacio ocupado? Para
todo amante, la realidad es casual
e inagotable. Es casual la llama y casual
la tierra el amor y el hombre
son casuales. Incluso lo casual: La herida
narcisista ya famosa que sucede
cuando descubrimos que el universo
no fue creado en la justa medida humana.
Por ello siempre compagina
el geómetra su ciencia con la melancolía,
según creyera el gran Girolamo
de Michele al tratar de la belleza. La raison
se moque bien de nous -mientras 
la poesía nos roba nuestra propia muerte para 
llevarla junto a la tumba de René Char
en la estela de su Orión. Pero
en cualquier caso, más relumbraron auras
en el hondón de su declive
que cuando el crudo resplandor
que aún pe…

EL NADADOR NOCTURNO - Rafa Correcher

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NOTA DEL AUTOR AL LECTOR

Querido lector, perdona esta intromisión pero necesitaba que me prestases un momento de tu tiempo antes de comenzar la lectura, porque, en cuestión de segundos, estos versos dejaran de pertenecerme.    Mientras escribo estas palabras ya siento como mi sombra se difumina, desaparece y deja el paso franco a tus propias reflexiones y, en esta página que, paradójicamente, es la primera de este libro, pongo punto y final a un camino que comenzó hace cuatro años con una cita de Carlos de Oliveira. El vuelo de una idea me trajo muchos interrogantes y comencé a escribir anotaciones, desvelos e insomnios, paisajes de plazas vacías, destellos, miradas. En muchas ocasiones tuve que detenerme para respirar, tomar aire y nombrar aquello que era doloroso o merecía ser nombrado para no caer en la indiferencia. Quise plantear también alternativas y entablé un diálogo con otros poetas, con sus silencios y revelaciones, con sus hallazgos pero también con sus temores e indecisione…