jueves, 20 de noviembre de 2014

MIGUEL SÁNCHEZ GATELL

Algunas notas sobre “La lucidez del número” 
Por Mar Busquets y Rafa Correcher
Después de casi diecisiete años de silencio editorial, aparece ahora publicado por Bartleby Editores el último trabajo de Miguel Sánchez Gatell, (Madrid, 1965) "La lucidez del número" . 
Hay en este libro de poemas un espacioso lugar donde cabe la reflexión y la renovación de la memoria colectiva, con un aliento demostrativo y real, deslumbrante, benefactor pero también lleno de dudas e interrogantes que el poeta y su personaje poético van desgranando a medida que avanzamos en la lectura.
Pitágoras y sus discípulos pensaban que la realidad era el número. El cosmos, creían ellos, estaba constituido tan armoniosa como matemáticamente.
El número se acomoda en la música, es razón y compás, armonía y esfera, aunque también imperfección cuando se alude a los número impares, a los números primos, a ese abandono y aislamiento de ciertas cifras que prueban como no todo es equilibrado y perfecto en un mundo en el que la perfección no existe, aunque la busquemos en la frontera que separa la inteligencia de la emoción, en la verdad perdida de su propia lucidez.
Y asistimos así, a una lucha del sujeto entre el anhelo por ser clasificado o nombrado y lo que realmente  perciben sus sentidos, esa intensidad que configura la vida.
Frente a ese dibujo vital, el número es medida, explicación, referencia y el sujeto le pide a los sucesos, a su propio pensamiento, a sus anhelos, el mismo comportamiento que a la razón del número, aunque, en ocasiones, el mismo número es una coartada porque lo que uno desea es “vivir sin memoria” porque “acordarse del mundo/da siempre decimales. 
Por todo ello, “La lucidez del número” no es un libro fácil, y cuando uso este adjetivo me refiero a que “la lucidez” de estos versos, alejada de la anécdota y el mero accidente costumbrista, en muchas ocasiones nos incomoda porque nos obliga a pensar.
Se trata de un poemario que indaga sobre lo real y la intensidad, los sentimientos, el olvido, sobre esa dicotomía realidad y deseo que mueve el mundo, sobre cuál es el papel del individuo en ese paisaje que nuestro poeta nos expone cuando dice: Soy yo, mortal y herido, altamente improbable/ habitante carnal que me sume en las sombras.
El tiempo perdido, la experiencia de los años y la soledad que ella misma nos proporciona, todas ellas cuestiones metafísicas que el poeta va planteando a través de sus versos.
Cuando uno tiene la suerte de encontrar poemarios del calado de “La lucidez del número”entiende que la pregunta ¿para qué escribimos? comienza a tener, si no una respuesta, si un destello, una primera intuición verdadera, pero ¿qué es la verdad? ¿qué es la realidad?
Alejado de los tópicos este libro se interroga sobre el ser, la duda e insistentemente reclama luz.
Nos dice Antonio Gamoneda, en la cita que encabeza la primera parte del libro de Miguel que “La verdad es un armario lleno de sombra”. Esa pincelada se amplía con rotundidad en el primer poema del libro, bellísimo, que lleva por título un verso de Paul Éluard “Nuestra primavera es una primavera que tiene razon” y, en el que, paradójicamente surge la primavera en una tarde de invierno, en la que Éluard continúa diciendo “NO hay noche para nosotros/nada de lo que muere influye sobre ti”y cuando habla de noche y de muerte el poeta se refiere al olvido.
Así, siguiendo este hilo narrativo, Sanchez Gatell nos dice en uno de sus versos: Nadie sabe/ como he buscado la paz de la poesía, en alusión a esa función que realiza la poesía de indagación, de asombro, de descubrimiento y localización de la conciencia del uno, del yo y del nosotros y ese es el secreto de este libro, la unidad de su mensaje, la nitida conciencia de que existimos en la desnudez, más allá del tiempo y sus razones, de los sentimientos, como la pura “lucidez del número”.

Miguel Sánchez Gatell (Madrid, 1965) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid. En 1988 ganó el Premio Adonáis de Poesía con “La soledad absoluta de la tierra” (Rialp 1989). En 1989 obtuvo una ayuda a la Creación Literaria del Ministerio de Cultura al libro “Yo era un hombre pisado por la lluvia”. Ha publicado los poemarios “Ciudad sin puerto” (Alcores 1986), “El amor y las manzanas” (Endymion 1992) y “Las mitades del mundo” (México, UAM-Verdehalago 1998).



PAUL ÉLUARD

La primavera

En las playas hay charcos de agua
En los bosques hay árboles locos de pájaros
La nieve si licúa en la montaña
Las ramas del manzano brillan de tantas flores
Que el pálido sol retrocede

Fue una tarde de invierno
en un mundo muy duro
Que vi esa primavera
cerca de tu inocencia

No hay noche para nosotros
Nada de lo que muere influye sobre ti
Y tú no quieres tener frío

Nuestra primavera
Es una primavera que tiene razón



lunes, 17 de noviembre de 2014

DULCE MARÍA LOYNAZ

Creación

Y primero era el agua:
un agua ronca,
sin respirar de peces, sin orillas
que la apretaran...
Era el agua primero,
sobre un mundo naciendo de la mano de Dios...
Era el agua...
Todavía
la tierra no asomaba entre las olas,
todavía la tierra
sólo era un fango blando y tembloroso...
No había flor de lunas ni racimos
de islas... En el vientre
del agua joven se gestaban continentes...
¡Amanecer del mundo, despertar
del mundo!
Qué apagar de fuegos últimos
Qué mar en llamas bajo el cielo negro

Era primero el agua.



sábado, 15 de noviembre de 2014

JUAN LUIS BEDINS


FUERA, LA LLUVIA


                                                 A Juan Pablo Zapater



Fuera, la lluvia se hunde

en los espejos de la suerte,

no conoce la vida

no conoce la tierra ni sus deseos,

queda al azar de las calles

y de la firme inocencia

del espacio.



Los edificios se abrazan

con serena continuidad de arena

bajo la lluvia de sombra

que ya colma el vaso

del olvido.



La inocencia duerme bajo el agua.

Tan solo una camisa

cubre su pecho.
                                                                         

                                                                       (Poema inédito)




jueves, 13 de noviembre de 2014

JOSÉ ÁNGEL GARCÍA CABALLERO

CROMATISMO

Cada latitud tiene un color propio.
No es un estado de ánimo,
sólo ángulos de luz
incidiendo en el grado de tibieza
que muestran las fachadas.
Quisiera creerlo, pero
sigo inconcreto como 
estas últimas veces, no podría situarte
la hora del desayuno
con su nerviosa claridad
de ropa suelta. En cambio, está ahí la razón
de mi pregunta. Voces
de madres a la entrada del colegio,
mochilas agrupadas bajo cúmulos
de junio. Cambian tantas 
tonalidades sobre la repisa
del balcón. En el fondo
te hablo de reflejos que ciegan un instante,
su incidencia en el eco
que aleja las palabras.


del poemario "Buhardilla" publicado por Valparaíso Ediciones (2014)








lunes, 10 de noviembre de 2014

JOSE AGUSTÍN GOYTISOLO

En este mismo instante

En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad. Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?
Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?
Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.




viernes, 7 de noviembre de 2014

GIOCONDA BELLI

Abandonados

Tocamos la noche con las manos
escurriéndonos la oscuridad entre los dedos,
sobándola como la piel de una oveja negra.

Nos hemos abandonado al desamor,
al desgano de vivir colectando horas en el vacío,
en los días que se dejan pasar y se vuelven a repetir,
intrascendentes,
sin huellas, ni sol, ni explosiones radiantes de claridad.

Nos hemos abandonado dolorosamente a la soledad,
sintiendo la necesidad del amor por debajo de las uñas,
el hueco de un sacabocados en el pecho,
el recuerdo y el ruido como dentro de un caracol
que ha vivido ya demasiado en una pecera de ciudad
y apenas si lleva el eco del mar en su laberinto de concha.

¿Cómo volver a recapturar el tiempo?

¿Interponerle el cuerpo fuerte del deseo y la angustia,
hacerlo retroceder acobardado
por nuestra inquebrantable decisión?

Pero... quién sabe si podremos recapturar el momento
que perdimos.

Nadie puede predecir el pasado
cuando ya quizás no somos los mismos,
cuando ya quizás hemos olvidado
el nombre de la calle
donde
alguna vez
pudimos
encontrarnos.




lunes, 3 de noviembre de 2014

IMÁN MERSAL

LA SERENIDAD

Disfrutáis de un salario mensual gracias a que existe el Estado.
Y en tanto que el sol siga alterando vuestros ojos melancólicos,
dispondréis de una excusa para describir la suciedad de la naturaleza.
Y así os adentraréis en el momento histórico, a través de sus calcetines.
Atended a la serenidad.

La basura, por ejemplo,
proporciona a los cerdos su comida diaria.
Además, todo ha mejorado
con el último mandato presidencial,
hasta el punto de que los cementerios de la periferia
disfruta ya de cinco locutorios para llamadas internacionales.

Yo, personalmente, no necesito la voz de nadie.

Atended a la serenidad,
y no os preocupéis por el futuro,
pues no poseéis la libertad suficiente para morir.



Traducción de Laura Salguero Esteban y Margarita Ossorio Menéndez


domingo, 2 de noviembre de 2014

IMAN MERSAL

CELEBRACIÓN

Se cayó el hilo de la narración al suelo, y me arrodillé para buscarlo. Allí había una celebración nacional, y yo no veía más que zapatos importados y botas militares. 
En el asiento de un tren una mujer afgana que nunca había visto Afganistán me dijo, “La victoria es posible”, en un persona que parecía que hubiera salido de un libro escolar o lo hubiera tomado de un armario cuyo dueño murió en el fuego. Hubiera deseado preguntarle ese día, ¿Es esto una profecía? Pero ella parecía tartamudear.
Supongamos que el pueblo llega, en masa, a la plaza, y que pueblo no es una palabra fea. Supongamos que no supiéramos el significado de la expresión en masa, entonces, ¿cómo han aparecido todos estos perros policía aquí? ¿quién los cubrió con caretas de colores partidistas? Y lo más importante, ¿dónde cayó el hilo que separa las banderas de la ropa interior, las melodías de los lamentos, a Dios de sus criaturas, que caminan por la Tierra para pagar sus impuestos?
La celebración, como si nunca antes hubiera pronunciado esta palabra, como si saliera de repente de un diccionario griego, donde familias espartanas vuelven victoriosas a Esparta, cuando la sangre de los persas aún no se ha secado de los escudos y las lanzas.

Es posible que no existiese el tren ni la profecía, ni la afgana que se sentó frente a mí durante dos horas, ya que de vez en cuando Dios engaña la memoria de sus criaturas para entretenerse. Pero lo más seguro es que desde donde estoy, entre los zapatos y las botas militares, no sepa con exactitud quién vencerá sobre quién.


sábado, 1 de noviembre de 2014

EDUARDO MILÁN

decir ahí es una flor difícil

decir ahí es una flor difícil
decir ahí es pintar todo de pájaro
decir ahí es estar atraído
por la palabra áspera
cardo
y por el cardenal cardenal
decir ahí es decir todo de nuevo
y empezar por el caballo:
el caballo está solo
ahora está solo
no hay ahora oscuro
no hay ahora de silencio
no hay ahora de palabra
no hay ahora de silencio contra la pared:
el caballo está solo es decir está negro
saltó por encima de la blanca
purísima realidad

el caballo está ahí
fuga 
por las hendiduras del día
florescencia
como la luna fluye

el caballo salta por encima de su sombra
salta por encima de su silencio
salta por encima de la realidad
salta por encima 
de un universo todavía negro
antes de la suma
antes de la cima
de los colores:
montaña verde sobre cielo azul

la silueta del caballo es colorada
colorada de sol cuando se oculta
ahora se oculta
ahora se hunde en el caballo
moneda de sol
no hay ahora de silencio
no hay ahora de palabra
no hay ahora de caballo