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Mostrando entradas de octubre, 2014

RAÚL ZURITA

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Tres escenas sudamericanas

I

Cerrándome con el ácido a la vista del cielo azul de esta nueva tierra sí claro: a la gloria de aquel que todo mueve Así, tirándome cegado por todo el líquido contra mis propios ojos esas vitrinadas; así quise comenzar el Paraíso
II
Con mis ojos miraba los tuyos y tú  por mis ojos sabías cosas de mí Por los ojos nos entendíamos a la  distancia y antes que dijésemos cualquier palabra yo ya conocía lo que tú pensabas y tú por mis ojos también
Y esto íbamos recordando y nuestros gemidos estremecían las paredes
III
Pero no; arrojados sobre la hierba todavía parecían estremecerse y sus dedos aún señalaban hacia la aldea como si la viesen Sin embargo, inmóviles, sólo sus camisas se agitaban bajo el viento que pasa: tus ojos que pasan son el esplendor del viento sobre la hierba


ROQUE DALTON

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Hora de la ceniza

Finaliza septiembre. Es hora de decirte
lo difícil que ha sido no morir.

Por ejemplo, esta tarde
tengo en las manos grises
libros hermosos que no entiendo,
no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quien amé cuando niño.

Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío hasta en la música.
Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que exigió la esperanza.

Hace frío sin ti. Cuando yo muera,
cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.
Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto
como hoy.

Siento deseos de reír
o de matarme.



MARÍA CALCAÑO

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Tarde

Te miro.
Te miro de cerca:
te escudriño hosca...

La tarde está linda afuera en el monte.
La promesa que traigo
de belleza
se me aprieta en la boca.
Y me dueles.
Tus caricias me arden como tus palabras.

Me dueles.
Por eso vengo de tan lejos
a plantarme en tu alfombra
como gajo henchido.
A sentirme los ojos dolorosos
cuando me suba el oleaje
de tus brazos crespos.

El aire se hastía
los deseos me apresan
yo soy la tarde linda...



JORGE EDUARDO EIELSON

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Campidoglio

usted no sabe cuánto pesa
un corazón solitario
hay noches en que la lana oscura
la lana tibia que me protege
llega hasta el cielo
y mientras duermo mientras respiro
mientras sollozo
se me derrama la leche hirviendo
sobre la cara
y entonces una máscara magnífica
con la sonrisa del rey de espadas
cubre mi llanto
y todavía eso no es nada todavía
usted no me creerá
pero luchar luchar luchar
todas las noches con un tigre
hasta convertirlo en una magnolia
y despertarse
despertarse todavía y no sentirse
aún cansado y rehacer aún
raya por raya el mismo tigre odiado
sin olvidar los ojos los intestinos
ni la respiración hedionda
todo eso para mí
es mucho más fácil más suave
créame usted
que arrastrar todos los días
el peso de un corazón desolado





ERNESTO CARDENAL

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Como latas de cerveza vacías y colillas

Como latas de cerveza vacías y colillas
de cigarrillos apagados, han sido mis días.
Como figuras que pasan por una pantalla de televisión
y desaparecen, así ha pasado mi vida.
Como los automóviles que pasaban rápidos por la carreteras
con risas de muchachas y música de radios...
Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos
y las canciones de los radios que pasaron de moda.
Y no ha quedado nada de aquellos días, nada,
más que latas vacías y colillas apagadas,
risas en fotos marchitas. Boletos rotos, 
y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares.




RAFA CORRECHER

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Yo soy
el humo que negrea inconformista
entre las páginas.

Un puño en la cesura de tus huesos,
la longitud de una renuncia
-porque también yo soy tus deserciones
cuando escribes
que nunca acabará el poema
en la tranquilidad de un árbol seco.

Y por ese motivo
apenas me soportas
y siempre me requieres
por qué razón amarillea
el liquen una estrofa a cielo raso
o a qué temperatura se quema el celuloide
de un poema.

Todas esas respuestas supondrían 
borrar la niebla de tus notas;
ganar mi mundo imaginario, 

pero también dejar tu propia sangre
en un recodo.






PILAR VERDÚ DEL CAMPO

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LAS UVAS
y también quedan uvas para llenar la boca Mario Benedetti 
También quedan  las uvas de los años para saciar la sed imprescindible, los racimos de lluvia condensada como joya en la artrosis del sarmiento.
Queda la boca abierta para el goce en su tibio esplendor de travesías, con las anclas levadas, con las bodegas llenas, sin hojas que nos cubran los tesoros en el lecho nupcial de los velámenes, boca para la uva y la semilla, su mínima rudeza,
su pequeño peaje de amenaza. de "Axis Mundi" XXIX Premio Gerardo Diego 2013.

MIGUEL VEYRAT

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Mapas y pecios

Y si trazas el mapa de tu propio
cuerpo, sentirás cómo coincide
con el universo de tu palabra. Y también
que a las ínsulas se llega
solamente por los ríos de la sangre
que anega las selvas, las praderas
y los cielos. Proa siempre
hacia lo incierto que tú configuras
sin precisar de sextante ni instrumentos.
Pero no hay regreso, capitán. Atrás
quedan las estatuas que nunca
o pronto volverán a la arena
por las playas -en la medida
que progrese, extrañamente encendida,
la palabra sobre el cuerpo
en la luz de la razón que no naufraga.
Mas ¿quién podrá saberlo? Casi nadie ahora
junta pecios para después leerlos.





VLADIMIR HOLAN

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EVA

A Maria Tomasova
Fue cuando el vino nuevo... El otoño
había tejido ya el mimbre en torno a las botellas,
y la serpiente, no encima de la piedra, sino debajo del brezo,
yacía sobre el vientre cubriéndose con su dorso. "La belleza destruye el amor, el amor la belleza ", me dijo
y del mismo modo que antaño se sacrificaba a las diosas de
aquí y allá
un número impar de víctimas,
ella pensaba entonces nada más en sí misma,
imaginando con indiferencia
la eternidad sin inmortalidad... Era tan hermosa que si alguien me hubiera preguntado
por dónde había ido con ella, no hubiera, sin duda, hablado
de paisajes
( a no ser que sintiera la impotencia de las palabras
y que sólo hiciera posible deletrear el silencio
la lluvia que cae en los presidios).
Era tan hermosa que quise
vivir de nuevo, pero de un modo distinto.
Era tan hermosa que en el fondo de mi delirante amor
me esperaba todavía íntegra toda la locura...

Versión de Clara Janés

CESARE PAVESE

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                                                                1935


9 de octubre


Todo poeta se ha angustiado, se ha asombrado y ha gozado. La admiración por un gran pasaje de poesía no se dirige nunca a su pasmosa habilidad, sino a la novedad del descubrimiento que contiene. Incluso cuando sentimos un latido de alegría al encontrar un adjetivo acoplado con felicidad a un sustantivo, que nunca se vieron juntos, no es el estupor por la elegancia de la cosa, por la prontitud del ingenio, por la habilidad técnica del poeta lo que nos impresiona, sino la maravilla ante la nueva realidad sacada a la luz. Es digna de meditación la gran potencia de imágenes como las de las grullas, la serpiente o las cigarras; o las del jardín, la meretriz y el viento; las del buey, del perro, de Trivia, etc. Ante todo, están hechas para obras de vasta construcción, pues representan la ojeada echada a las cosas externas en el curso de la atenta narración de hechos de importancia humana. Son como un suspiro de…

IDA VITALE

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EXILIOS

                    ...tras tanto acá y allá yendo y viniendo.
Francisco de Aldana


Están aquí y allá: de paso,
en ningún lado.
Cada horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían ir hacia cualquier fisura.
No hay brújula ni voces.

Cruzan desiertos que el bravo sol
o que la helada queman
y campos infinitos sin el límite
que los Vuelve reales,
que los haría de solidez y pasto.

La mirada se acuesta como un perro,
sin siquiera el recurso de mover una cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire
si nadie la devuelve.
No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.

Se disuelve, tan solo.



EDITH SÖDERGRAN

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LA TIERRA QUE NO ES
Anhelo la tierra que no es,
porque estoy cansada de anhelar las cosas que son.
La luna me habla en runas de plata
sobre la tierra que no es.
La tierra donde todos nuestros deseos se cumplen maravillosamente,
la tierra donde caen todas nuestras cadenas,
la tierra donde se refresca nuestra frente herida
al rocío de la luna.
Mi vida es una cálida ilusión.
Pero he hallado una cosa, he conquistado realmente una cosa:
el camino que conduce a la tierra que no es.
En la tierra que no es
está mi amado con su resplandeciente corona.

¿Quién es mi amado? La noche es oscura
y el temblor de las estrellas me responde.
¿Quién es mi amado?, ¿cuál es su nombre?
Los cielos se comban más y más altos
y un niño humano se ahoga en interminables nieblas
sin encontrar respuesta.
Pero un niño humano no es otra cosa que certidumbre,
y alarga sus brazos, más altos que todos los cielos.
Y llega una respuesta:
Yo soy el que tú amas, el que amarás siempre.
Traducción: Jesús Pardo

ANISE KOLTZ

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*
Acumulo cabellos
hierbas olorosas
brazos que me estrechan
cuerpos que me cubren

Me pierdo en su piel
ya no existo

En mi sangre
nadan galaxias

*
La luna viene a descansar
sobre mi edredón

Cuenta una por una
mis vértebras
para dormirse

Mientras la tierra
sigue titubeando
en el espacio

*
El mundo no existe
lo segrego por mis ojos

Antiguos sueños
salen de mi ombligo

Mis poemas amnésicos
caminan descalzos
sobre las crestas del horizonte

*
Me sublevo
mi corazón golpea
el interior de mi cuerpo
como zapatos
de miles de manifestantes

Dios está del lado
de los ganadores
sus ángeles planean en el cielo
con los buitres


de "Bendita sea la serpiente/El tragador de sables" (Editorial La Garua Libros) Traducción: Evelio Miñano