martes, 26 de agosto de 2014

MARTINE BRODA

colocado ahí. más
allá de ese límite más
allá.
ya no se sufre.

lo entrego a dispersión.
al olvido del mar.

cuerpo descosido de ti.
salado hasta el goce
desierto


* * * 

como un jardín de
cristal. en el instante
que aúlla. sin comprender.
en la mano.

en torno a una cosa dulce
y carne.

el crimen (ojos de esmalte)
respira a los pies de una
silla.


* * * 

contra el ángel

pensar en ello
no puedo
sin morir
de un destello de alegría

sin morir de alegría
al instante

momento de nacer
alta
fusión


* * *

cuando el cuerpo ya vacío

de haber llorado el día
de haber llorado la dicha

(gavilla de angustia)

de rastrojo aureolado
cruzamos

la mirada azul que hace gozar


* * * 
estallando inmóvil. sin memoria ni.

el gris encuentra
una historia. se esfuma
en el sueño de las piedras

con tal que se calle
abrumado de huesos blanqueados.

que sea yacente y pesado.


* * *

estás gris, casi extenuada,
tendida sobre el arenal, al lado del espectáculo del mundo

estás ciega y vista desde todas partes
resbalan lágrimas que no te pertenecen


* * * 
me adhiero a ti.

el infierno que aúlla en los pliegues
trae de nuevo el gozo que horada
desprende de las ajadas ropas
un ser aligerado

de dolor


Del libro "Deslumbramientos" , (Editorial Linteo,  2009) traducción de Miguel Veyrat.


lunes, 25 de agosto de 2014

CARLES RIBA

Segunda elegía de Bierville

¡Sunion! Te evocaré de lejos con un grito de alegría,
a ti y a tu sol leal, rey de la mar y el viento:
por tu recuerdo, que me eleva, feliz de sal exaltada,
con tu mármol absoluto, noble y antiguo yo como él.
¡Templo mutilado, desdeñoso de las otras columnas
que en el fondo de tu salto, bajo la ola risueña,
duermen la eternidad! Tú velas, blanco en la altura,
por el marinero, que por ti orienta su rumbo;
por el ebrio de tu nombre, que a través del desnudo carrascal
viene a buscarte, extremo como la certeza de los dioses;
por el exiliado que a través de oscuras arboledas te vislumbra
súbitamente, ¡oh preciso, oh fantasmal!, y conoce
por tu fuerza la fuerza que lo salva de los golpes de fortuna,
rico de lo que ha dado, y en su ruina tan puro.


Versión de Ramón Gallart



jueves, 14 de agosto de 2014

JORGE MANRIQUE

Coplas a la muerte de su padre

      Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

     Y pues vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

     Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros, medianos
y más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.


martes, 5 de agosto de 2014

EUGENIO DE ANDRADE

El amor

Estoy amándote como el frío
corta los labios.

Arrancando la raíz
a lo más diminuto de tus ríos.

Inundándote de dagas
de saliva esperma lumbre.

Estoy rodeado de agujas
tu boca más vulnerable.

Marcando en tus costados
el itinerario de la espuma.

Así es el amor: mortal y navegable.

Traducción de Alberto Ruy Sánchez