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Mostrando entradas de junio, 2013

BLAS DE OTERO

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Aire libre
Si algo me gusta, es vivir.
Ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles... También me gustan los camiones grises
y muchísimo más los elefantes.
Besar tus pechos,
echarme en tu regazo y despeinarte,
tragar agua de mar como cerveza
amarga, espumeante. Todo lo que sea salir
de casa, estornudar de tarde en tarde,
escupir contra el cielo de los tundras
y las medallas de los similares,
salir
de esta espaciosa y triste cárcel,
aligerar los ríos y los soles,
salir, salir al aire libre, al aire.




MARÍA VICTORIA ATENCIA

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Venda

De un espeso tejido me rodea tu mundo
por todos los contornos.
Me abarcas como un pecho abierto a la ternura,
como una gran maroma que en surcos se me clava.

Has llegado a cubrirme, definitivo pájaro,
a decirme la vida a tu propia manera,
al modo más hermoso de vuelo sin tropiezo
abrazando la nube.

Podrías no contarme por uno de los tuyos,
y sin embargo sueles apretarme la sangre
llenándome los ojos de un agua sin salida
descolgada en sus fuentes.

En sombra de tus pliegues se encarna la ternura,
tal a una mano abierta que lo abarcara todo,
y olvida nomeolvides en lugares ocultos
de preciosos recuerdos.

Callada te delatas, echada por mi frente
dejas correr el tiempo, como si fueras niña
que inaugurara sueños en la siesta más tenue
de un setiembre cualquiera.

A tientas yo te canto, erguida compañera
de la noche en lo oscuro, sintiéndome por labios,
por ojos y por dedos tu inundación callada
que de arriba descienden.


GEORG TRAKL

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Al niño Elis

Elis, cuando el mirlo llame en el oscuro bosque
será tu ocaso.
Tus labios beben frescura en la pedregosa fuente azul.

Cuando tu frente sangre suavemente
olvida las antiguas leyendas
y el oscuro augurio del vuelo de los pájaros.

Pues tus leves pasos se adentran en la noche
cargada con los púrpuras racimos de la vid;
mientras el azul hace más bello
el movimiento de tus brazos.

Se escucha un espino,
allá donde vuelan tus dos ojos de luna.
Ah, hace cuánto tiempo que eres de la muerte.

Tu cuerpo es un jacinto
donde un monje sumerge sus dedos de cera.
Y una cueva sombría es nuestro silencio
de la que a veces surge un apacible animal.
Deja caer lento los pesados párpados.

Sobre tus sienes gotea un oscuro rocío,
el último oro de las estrellas extinguidas.
Traducción de Helmut Pfeiffer


SAINT-JOHN PERSE

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EXILIO


A  Archibald  Macleish

Puertas abiertas sobre las arenas, puertas abiertas sobre el exilio, Las llaves a las gentes del faro, y el astro enrodado vivo sobre la piedra del umbral: Huésped mío, déjame tu casa de vidrio en las arenas...
El Estío de yeso aguza sus puntas de lanza en nuestras llagas, Elijo un lugar flagrante y nulo como el osario de las estaciones. Y, sobre todas las playas de este mundo, el espíritu del dios humeante deserta su lecho de amianto. Los espasmos del relámpago son para el arroba- miento de los Príncipes en Taurida.
                                                    *
A nulas riberas dedicado, a nulas páginas confiado el puro cebo de este canto... Otros asen en los templos el cuerno pintado de los altares: ¡Mi gloria está en las arenas! ¡Mi gloria está en las arenas!... Y no es errar, oh Peregrino, Codiciar el ara más desnuda para ensamblar en las sirtes del exilio un gran poema nacido de nada, un gran poema hecho de nada... ¡Soplad, oh frondas por el mundo, cantad, oh con- chas…

SAMIH AL QASIM

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El miedo

El fuego se apagará en la chimenea,
la botella se vaciará,
el disco se parará,
los invitados se marcharán,
haremos juntos la cama
y dormiremos juntos.
Te levantarás por la mañana,
prepararás nuestro maravilloso café,
los pájaros de tu apacible bosque cantarán en mi honor,
me preguntarás: ¿te despiertas?

Temo que la muerte me sorprenda en mi sueño.
No, no me dormiré,
velaré hasta la mañana amiga
y observaré en tu rostro dormido
los astros de nuestro mundo futuro.

Al alba
te tapo con la colcha
y me deslizo como un gato familiar,
ligero, hasta la cima del mundo,
preparo nuestro maravilloso café,
corro hacia ti,
beso tu mano dormida
y exclamo: ¡ Vamos, despierta!
Buenos días, razón de mi vida.
¡Vamos, despierta!
Sin ti el sol no se pondrá,
sin ti el sol no saldrá.

Traducción: María Luisa Prieto

NAZIM HIKMET

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Todo lo que he escrito sobre nosotros es mentira

Todo lo que he escrito sobre nosotros es mentira
No es lo que fue sino lo que yo quise
mis nostalgias detenidas en inalcanzables ramas
mi sed extraída del pozo de mis sueños
bocetos alumbrados.

Todo lo que he escrito sobre nosotros es verdad
tu belleza
     o sea una cesta de frutas una mesa en el campo
cuando me faltas tú
     o sea cuando me convierto en la última farola de la calle
                                                          del último rincón de la ciudad
cuando tengo celos de ti
     o sea cuando corro de noche entre los trenes con los ojos vendados
mi felicidad
     o sea río soleado que rompe sus diques.
Todo lo que he escrito sobre nosotros es mentira
todo lo que he escrito sobre nosotros es verdad.

Leipzig, 30 de septiembre de 1960
De "Últimos poemas 1959-1960-1961"
Versión de Fernando García Burillo   (Ediciones del oriente y del mediterráneo -Madrid 2000)



RAFA CORRECHER

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Las buenas intenciones

Las buenas intenciones nunca son suficientes; ¿o acaso no lo ves?.
Vas a podar el seto, recogerás también las hojas sueltas; esa pequeña cortadora se oxida con el agua y el hierro deja surcos en esta tierra húmeda.
Hueles despacio el aire; parece como si hoy fuera a empezar el mundo.
La lluvia le da un margen al tiempo que te tomas para pensar.
Despierta, debes tener cuidado con los dedos, no te ensucies y deja todo en casa bien guardado: tus buenas intenciones, también.

PÄR LAGERKVIST

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Oración fúnebre
Estás muerta.

Puedo mirarte en paz con toda facilidad. Tu frente es
pequeña y redonda. Antes no la había visto. Eres torpe.
Ahora veo que eres torpe.

Tienes pequeños ojos guiñadores. Ahora los veo. Todo
es pequeño y mezquino en tu casa. Tus cabellos son
rebeldes, gruesos, groseros. Ahora lo veo. Tu labio pende
como el de una muchacha de cocina.
Ahora todo lo veo.
Estás muerta. Tú no eres nada.

Tú sólo eras una muchacha de cocina, una sucia. Una
que debía morir.
Pero yo te amaba. Eso era.

Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto.
Me agradaba acariciar tus cabellos tanto, cuando ellos
eran vivos. Yo amaba todo lo que había de feo en tu
casa, tanto cuando esa fealdad era viviente. Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto.
Yo acariciaba tu cabellera, aunque ella fuese gruesa,
grosera. Yo amaba tus pequeños ojos, cuando ellos
miraban delante de ellos en el mundo, la mañana.

Entonces yo amaba todo en tu casa.
Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto.
Yo amaba tus grandes pies. Y tus man…

RYSZARD KAPUSCINSKI

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Están sentados...
Están sentados
el uno frente al otro

ella piensa
qué maravilloso es él

beben

al otro lado de la ventana está oscuro
la noche rodea la ciudad
ocupa las calles
ahuyenta a los transeúntes

de repente
él busca en su interior
saca un sapo

ella mira
no puede creerlo

saca cucarachas
un puñado
pulpos pólipos
arañas
salen solos
reptan

se apresura
porque todavía
queda mucho las apestosas zapatillas de un vagabundo
el saco podrido de una mendiga
enanos repugnantes
vampiros
brujas

la mesa a la que están sentados
(con una botella vacía como naturaleza muerta)
toma vida y se mueve

el sapo croa
las cucarachas culebrean
las arañas rebosan de veneno

entre tóxicos efluvios
él da vueltas
balbucea

con las fuerzas que le restan
da tumbos hasta la calle

desaparece
arrastrando los pies
De "Bloc de notas" 1986 (Poesía completa - Bartleby Editores 2008)
Versión de Abel A. Murcia Soriano



NICANOR PARRA

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Aprovecho la hora del almuerzo

Aprovecho la hora del almuerzo
para hacer un examen de conciencia
¿Cuántos brazos me quedan por abrir?
¿Cuántos pétalos negros por cerrar?
¡A lo mejor soy un sobreviviente!

El receptor de radio me recuerda
mis deberes, las clases, los poemas
con una voz que parece venir
desde lo más profundo del sepulcro.

El corazón no sabe que pensar.

Hago como que miro los espejos
un cliente estornuda a su mujer
otro enciende un cigarro
otro lee Las últimas noticias.

¡Qué podemos hacer, árbol sin hojas,
fuera de dar la última mirada
en dirección del paraíso perdido!

Responde sol oscuro
ilumina un instante

aunque después te apagues para siempre.


RICARD BELLVESER

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EL OLIVO MILENARIO
Allí está, erguido e impasible, el olivo
milenario con su don de basílica
pagana, renovándose sin reposo
en un diluvio de hojas ocres
que danzan el baile del último descenso,
y velan este atardecer de mi existencia
con una llovizna de pavesas inflamadas
a las que la luz del sol de la tarde, dora. Cada rama se retuerce y vence,
y la vida se vuelve a sospechar en sus brotes,
yemas que revientan de futuro,
árbol en movimiento, vivo y pleno,
dejando de ser y siendo a la vez
como un río antiguo.
Exactamente eso es la vida,
y ha sido mi existencia en ella:
apenas un instante entre el sueño
de la inteligencia y el no ser,
un paréntesis entre la luz y la no luz,
una chispa en el tránsito hacia un modo
que se apaga.